Gota a gota cuento los segundos, los minutos, las horas. Gota a gota, lágrima a lágrima, y no porqué tu no estés presente o te hayas ido, sino por algo de más gravedad, capaz de inundar el hoyo que cavaste con tu rechazo, capaz de formar un charco en el que chapotear entre desconsuelos y gimoteos, un lugar en el que desearía ahogarme.
Y es que tu si que estás, pero no estás a mi lado. Y la auténtica definición de soledad, del peor de los males, no es más que esta torturadora presencia alejada en la que te puedo tocar pero no te siento.
¿Y que hago yo? Observarte desde el solitario faro con mi solitaria vida y navegar melancólicamente con mi solitario barco con la esperanza, la ansiada esperanza, de que algún dia baje la marea.
Y es que, al fín y al cabo, a ti y a mi, la esperanza es lo único que nos queda.
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